Embalse La Punilla: la anhelada obra de riego en su recta final

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La obra de regulación más grande de los últimos 40 años y que entregará seguridad de riego a más de 60 mil hectáreas, se encuentra en recta final. Así lo han asegurado las máximas autoridades de Gobierno, en momentos en que la agricultura de la zona del río Ñuble sufre gravemente las consecuencias de la sequía.

 

Este embalse, que permitirá reconvertir la agricultura dentro de su zona de influencia, fue desarrollado a través de la Ley de Concesiones, trabajo que ha sido liderado por el Ministerio de Obras Públicas.

 

Luego de un arduo proceso de trabajo, en el que han participado activamente los regantes del río Ñuble, se espera que el embalse sea licitado en las próximas semanas, existiendo a esta fecha cinco empresas precalificadas por la Dirección General del Ministerio de Obras Públicas, entre consorcios nacionales y extranjeros.

 

Beneficios y características del embalse
Esta gran obra de ingeniería se construirá 30 kilómetros aguas arriba de San Fabián de Alico y a 3 kilómetros de la confluencia de los ríos Ñuble y Los Sauces, en la Región del Biobío. Beneficiará a 5.000 agricultores y 60.000 hectáreas de las comunas de San Carlos, Chillán, Ñiquén, San Nicolás, Coihueco y San Fabián de Alico, y a otras 10.000 hectáreas adicionales de predios que hoy no cuentan con derechos de agua.

 
El embalse tiene un carácter multipropósito (riego y generación de energía), y será el segundo más grande del país, con un volumen útil de 600 millones de metros cúbicos. Su central hidroeléctrica tendrá una potencia máxima de 94 megawatts y generará 470 Gwh (gigawatts hora) al año. En total, el proyecto requerirá de una inversión de US$397 millones y el plazo de la concesión será de 40 años.

El objetivo principal del Embalse La Punilla será entregar seguridad de riego para el desarrollo de la agricultura, especialmente en la temporada de septiembre a marzo, pero además controlará las crecidas del río. Esto favorecerá la programación de cultivos y ayudará a contrarrestar los efectos del cambio climático global y de las sequías prolongadas que están afectando al país. Por ello, manifiestan en la Junta de Vigilancia del Río Ñuble, será obligación de la Sociedad Concesionaria de la obra prestar como servicio básico la entrega de agua regulada a los usuarios que hayan adquirido Derechos de Aprovechamiento de Aguas de la DOH.

 

 

Baja sostenida en el nivel de precipitaciones
Entre 1950 y 2000, las precipitaciones a nivel nacional disminuyeron en un promedio de 5 milímetros al año y, junto con ello, se estima que sólo se aprovechan 18 millones de m3 anuales de los 113 millones disponibles en las zonas consideradas de riego. Como resultado, el 84% del agua total en estas regiones se pierde y desemboca finalmente en el mar, demostrando que la escasez del recurso hídrico está en la incapacidad para regularlo.

 

 
A ello se suma un alza en las temperaturas, lo que repercute en el descenso del agua de lluvia acumulada como nieve. En consecuencia, según publicaciones del departamento de Economía Agraria de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se estima que ante el cambio climático y sin almacenamiento de agua, los ingresos netos de la actividad agrícola disminuirían en un 14% al año 2100, principalmente por efecto del déficit hídrico.

 

 
En la cuenca del río Ñuble la situación no escapa a esta realidad. “Desgraciadamente, nuestra cordillera es muy baja. Entonces, con el problema de que la isoterma ha subido, no tenemos nieve guardada como antes. Caían 1.300 milímetros al año como promedio, pero comenzó a disminuir la pluviometría y las horas frías. Los primeros signos fueron las grandes avenidas del río Ñuble. En 2006 hubo inundaciones”, recuerda Margarita Letelier, quien preside la Junta de Vigilancia del Río Ñuble.

El déficit de agua para riego en la zona se calcula en un 60% en la época estival, pues en el verano, especialmente en febrero y marzo, sólo se riegan 20.000 de las 60.000 hectáreas disponibles. Entre ellas se consideran superficies de trigo y praderas, cultivos que precisan de pocos recursos hídricos. “El trigo es como el tampón, el que viene a estabilizar. Si hay poca agua, siembro más trigo, porque se riega hasta diciembre. Entonces, el trigo es el estabilizador. Este año llegué a tener 200 hectáreas y nunca había sembrado tanto. Si no tienes agua, hay que sembrar trigo o avena”, comenta Margarita Letelier.

“Todos los años bajan los caudales. Antes sobraba agua. Hemos ido tecnificando, pero aún así falta. Por otro lado, hay una zona de secano, pero que está en un lugar de riego. El embalse vendrá a suplir ese déficit. Hoy día no alcanza para regar la zona de riego por lo que la gente tiene que hacer empastada o trigo, que requieren menos agua. Si hubiera más agua, los agricultores podrían hacer cultivos de mayor rentabilidad”, agrega Martín Arrau, director de la Junta de Vigilancia del Río Ñuble. Arrau administra diversos campos, en los cuales produce 15 hectáreas de cerezo, más varias otras de trigo, maíz, semilla de soya, remolacha, semilla de girasol y kiwi. En sus terrenos se aprecia cómo se aprovecha hasta el último centímetro, incluso junto al lecho del río, para producir.

 

 
Como sucede en buena parte del país, lo que ocurre en Ñuble no es que no haya agua, sino que simplemente se vierte en el mar. “En la temporada anterior pasaron por el río 2.500 millones de metros cúbicos, y de eso sólo utilizamos 500 millones, el 20%. El 80% del agua se fue al mar, porque los otros 2.000 millones de metros cúbicos estaban disponibles en una oportunidad en que la agricultura no los necesitaba. Con una obra de acumulación, los hubiésemos embalsado”, explica Salvador Salgado, ingeniero repartidor de la Junta de Vigilancia del Río Ñuble. En términos prácticos, el nuevo Embalse Punilla podría llenarse 2,5 veces con el agua que corre por el río en un año normal.

 

Los agricultores invierten en riego
La crisis hídrica de fines de los noventa fue la que prendió las alarmas. Fernando Jeldres Cid es nacido y criado en San Carlos, Ñuble. Lleva 25 años trabajando la tierra en la zona. Es propietario de unas 60 hectáreas y arrienda otras 500, en las cuales siembra maíz para grano, remolacha y trigo. Riega con agua de los canales Greene y Maira, San Agustín Changaral – Caro y Saldaña y del canal municipal. “Con la sequía del 98 supe lo que era la falta de agua. Siguieron pasando los años y el 2001 me di cuenta que si no tecnificaba una parte del campo familiar, el agua iba a faltar. Nosotros pagamos contribuciones por un campo de riego, lo que significa regar desde el 1 de octubre hasta el 30 de marzo. Pero si yo quisiera regar en verano todo el campo, no puedo. Tengo agua sólo para la mitad. En uno de los campos que arriendo, al 30 de marzo podría regar unas 8 hectáreas de 70”, dice.

 

 
Con el tiempo instaló un pivote, carretes, tuberías y revistió los canales. Pero eso parece no ser suficiente en la actualidad. A pesar de la tecnificación, Fernando debe, por lo general, irse “mitad y mitad” entre maíz y trigo para utilizar menos agua, ya que éste termina de regarse en diciembre. “Hoy día, si gano un dinero en el campo y me pregunto dónde lo invierto, lo hago en riego. Se paga más y es más importante que comprar un equipo agrícola: un tractor, una rastra, un arado, lo que tú quieras. De hecho, este año pienso colocar otro pivote”, especifica.

 

 
Margarita Letelier también invirtió en un pivote. Lo hizo en el 2000, pero en diciembre lo tuvo que dejar parado, sin regar. “No sacamos nada con tener grandes inversiones en riego, si el recurso no estaba”, dice. Fue ahí cuando decidió involucrarse más con el trabajo de la Junta de Vigilancia. “¿Dónde está el agua? En el río. ¿Dónde hay que trabajar? En la Junta para ser más eficiente y que no nos falte nunca más el recurso. Y la forma de hacerlo era construir un embalse”, apunta.

 

 
Otro agricultor, Pablo Lorca Le Roy, tiene un predio al final de la red de canales del río Ñuble. Cultiva la tierra hace 20 años y su padre lo hizo en la zona desde 1945. Hoy tiene una lechería y 300 hectáreas de terreno con maíz y alfalfa. El agua sólo le alcanza para regar 150 hectáreas. Antes tenía 600, pero la falta de recursos hídricos lo obligó a vender para plantar bosques, lo que conlleva una baja en la mano de obra y el despoblamiento del campo. “Todo mi sector, si tuviera agua sería un vergel. Hay casas y escuelas abandonadas porque no hay agua. Es un sector bastante deshabitado y muy poco productivo”, señala.

 
Una obra para la Agricultura
El máximo beneficio del Embalse La Punilla estará en el riego, en la reconversión agrícola de la zona y en la generación de mano de obra. “El agua daría una tranquilidad tremenda. Me aseguraría los litros por segundo que tienen mis acciones”, dice Fernando Jeldres. Por otra parte, agrega el agricultor, “miraría el negocio con otros ojos. Cambiaría la estrategia de rotación, mejorando estructura y textura de suelo”.

 

 
“Tener el embalse significará poder invertir en cultivos más rentables”, comenta Margarita Letelier, que cultiva hortalizas, maíz dulce, porotos verdes, arvejas, maíz para ensilaje y achicoria. Hace cuatro años que no siembra remolacha, porque la debiera regar hasta abril y no le alcanza el agua. Tener agua segura bajaría la incertidumbre. “Los agricultores nos proyectamos hacia el verano para no tener pérdidas. Tratamos de tener los informes de nieve, que siempre llegan tarde, en agosto o septiembre. Pero tampoco esto es muy decidor. Mi primera proyección de temporada de siembra la hago en marzo y en septiembre ya tengo mi temporada jugada”, agrega.
 

 
En este contexto, para la Junta de Vigilancia del Río Ñuble, uno de los beneficios de la construcción el embalse será la de detener la migración del pequeño agricultor a las ciudades, al generar 10 mil nuevos puestos de trabajo y fomentar un nuevo uso agrícola de la tierra. En la zona de secano bajo cota de canal (es decir, que disponen de canales pero que están sin agua la mayor parte del verano), que tiene un clima con pocas heladas, podrían producirse viñas, manzanos, cerezos, arándanos o bien cultivos tradicionales.

 

 
El documento de trabajo “Beneficio Estatal en Grandes Obras de Riego”, editado en 2011 por el Ministerio de Agricultura, analiza el impacto de construir infraestructura en el mundo agrícola. Un aumento porcentual de un punto en el PIB Agrícola –señala el estudio- genera al menos 19 veces más puestos de trabajo de aquellos que generaría este mismo aumento en un punto porcentual en el PIB del sector Minero.

 

 
“Una de las conclusiones que se pueden obtener del planteamiento anterior, es que si se decidiera fomentar la agricultura, se estaría potenciando al mismo tiempo la generación de empleos de baja calidad. Sin embargo, es una realidad que un gran porcentaje de nuestra población es considerada como mano de obra no calificada, ya sea por fallas en el sistema de educación u otras circunstancias particulares de cada individuo, por las que obviamente no se puede culpar al sector agrícola, sino que -todo lo contrario- es justamente este sector una herramienta para que este porcentaje de la población pueda surgir y transformarse en profesionales o en mano de obra calificada con mayor eficiencia y mayores remuneraciones”, describe el documento. El agro es el sector de la economía que emplea un mayor número de jefes de hogar en estado de pobreza, empleando el año 2009 a nivel nacional el 17,7%.

 

 
En el caso de los regantes vinculados a la Junta de Vigilancia, el 66% tiene menos de 12 hectáreas y con seguridad de riego podrían tener mejores perspectivas. “Es gente que no ha tenido la posibilidad de desarrollar tecnología de riego porque tampoco tiene la seguridad hídrica. Por ejemplo, el retroceso que ha habido en esta cuenca en cuanto al cultivo del arroz es impresionante. Es un 50% menos en unos diez años. En San Carlos y en Ñiquén, la producción de arroz era muy fuerte, pero ha disminuido por la falta de agua”, señala Margarita Letelier.

 

 

Regantes y canales preparados para el embalse
Según catastros de la CNR, durante las décadas entre 1950 a 1970, la capacidad de regulación aumentó considerablemente desde 500 a 3.500 millones de m3, para sólo crecer en otros 1.800 millones de metros cúbicos desde 1970 a la fecha.

 

 
En este contexto, al Embalse La Punilla es un ejemplo de cómo este volumen ha tenido un aumento lento. Según comenta Raúl Romero, presidente de la Asociación de Agricultores de San Carlos, ya en la década del treinta el párroco de San Carlos, Estanislao Godoy, en sus frecuentes visitas veraniegas al sector de La Punilla se dio cuenta de que este lugar podría albergar un embalse. A fines de la década del 50, una empresa británica realizó estudios acerca de una eventual obra, pero una falla en el terreno para sostener el muro la hizo inviable en aquel momento. Posteriormente, en los años sesenta, un grupo de agricultores empezó a impulsar el Embalse San Fabián, que se ubicaría a pocos kilómetros de esta localidad y que almacenaría unos 100 millones de metros cúbicos. “Como era una idea de privados, el Ministerio de Obras Públicas no los tomó en cuenta”, rememora Raúl Romero, que estuvo involucrado en la iniciativa.

 

 
Después, fueron otras obras las que atrajeron la atención de las autoridades (Laja Diguillín) y el tema se postergó hasta la presentación del Estudio de Impacto Ambiental en 2004. Fue por esos años que la actual directiva de la Junta de Vigilancia del Río Ñuble, comenzó a tomar una participación más activa en el proyecto. “Llevamos nueve años en esto. Empezamos con ir a hablar a Santiago, al MOP, con los Diputados y Senadores de la zona. Las cosas se logran persiguiendo a la gente. Nos demoramos seis años en sacar el estudio”, relata Margarita Letelier.

 

 
A diferencia de otros sectores en los cuales se han llevado a cabo iniciativas similares, en esta zona existe una red de canales que está consolidada y con regantes preparados. Son 53 canales (algunos de los cuales se han unificado) que recorren 1.500 kilómetros para regar, en teoría, 60 mil hectáreas de las 110 mil que tiene la cuenca del río Ñuble. “Tenemos una cultura de riego bastante grande. Se ha regado toda la vida con mucho empeño y cuidado. Cuando tengamos el agua suficiente, vamos a tener la posibilidad de usarla muy bien”, comenta Raúl Romero.

 

 
Para este proyecto, los agricultores han asegurado sus derechos de riego. “El modelo para hacer este embalse es mixto, en el cual figuran el Estado, los regantes y el concesionario. El concesionario debe invertir en todo lo que no pueda subsidiar el Estado y tiene un aprovechamiento hidroeléctrico. Los regantes invierten de acuerdo a sus acciones. Entonces, el financiamiento del embalse consta de tres partes. Lo que a nosotros nos va a costar son UF 53 por acción, multiplicado por 21.221 acciones. Ése es el aporte de los regantes. Cada uno lo hace en proporción”, explica Salvador Salgado. Además, los nuevos derechos de aprovechamiento de agua generados por el embalse, serán entregados de acuerdo a la cantidad de terreno que tengan quienes los soliciten para así evitar la especulación.

 

 
De esta manera, esta gran obra anhelada por décadas, está próxima a ser licitada, lo que generará insospechadas oportunidades para la Agricultura en los próximos años, además del dinamismo económico y la generación de empleo, cumpliendo un rol social de la mayor relevancia en una región estratégica para el país.

 

 

 

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